Un paseo por la facultad
Hace unos días volví a pasar por el campus de la universidad, como tantas veces he pasado. Pero esta vez los motivos eran distintos, no iba a estudiar.
Pasar estos días por allí me trajo demasiados recuerdos. Estuve paseando un rato y observaba a la gente que había por el rededor.
Gente, que como yo, lleva por allí más años que Matusalén y es que se les nota en la cara la experiencia del lugar, saben donde ir y no se detienen para nada a no ser que vean algún conocido.
Algunos que entran o salen de ver algunas notas o mejor dicho ya, de estar en alguna revisión de examen. Porque desde que la universidad se informatizó prácticamente todas las notas se publican ya en Internet. Muy atrás quedaron los nervios de ir a ver el tablón y buscarte desesperadamente deseando ver junto a tu nombre un aprobado. Esas caras de nervios, alegrías o decepciones pasaron a la historia.
Otros que se han quedado rezagados y aún no tienen pisos, se les ven preocupados y llamando por el móvil delante de cada cartel de “se busca compañero”, para ver si pueden encontrar su sitio para pasar el curso.
Luego al ser la época de principio de curso se ven muchos nuevos, jóvenes que vienen acompañados de sus padres y se dan una vuelta para ver como es aquello. A estos se les ve la ilusión de empezar, porque tienen tantas cosas que vivir. Me recordaban a mi cuando fui a echar la matricula hace ya…no se cuantos años, acompañada de mi padre el primer año de carrera.
Me veía allí reflejada en aquel chico, yo una chica con muchísima emoción de empezar a estudiar fuera de casa en la universidad. Todo lo que imaginaba y deseaba estaba desde luego por llegar en mejores o peores magnitudes.
Convivir con gente de mi edad, salir y entrar sin estar controlada por mis padres, enamorarme, fiestas en tu piso y en el de tus compañeros de clase, nervios antes de un examen, saber que podías y tenías que haber estudiado más, alegrías y celebraciones por los aprobados, penas y consuelos por los suspensos, en general el aprender a estudiar a base de suspensos, “peleíllas” de convivencia, desamores, experiencias en la cocina aprendiendo en mejor o peor medida a cocinar, hacerte tu solita todas aquellas cosas que antes te solían hacer en casa, echar lavadora sin estropear la ropa…
Todo te sirve para crecer, para conocer e ir aprendiendo a vivir, una etapa de vida que como todas tienes sus cosas bonitas y feas, más o menos buenas. Pero que al final casi siempre se recuerda solo lo mejor que es lo que cada uno se lleva de aquellos maravillosos años que ya no volverán.
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submundo dijo
Hey!!!! me alegra un montón verte de nuevo.
Yo también recuerdo los tiempos de la facultad, aunque un poco más lejanos, pero años muy intensos, locos y divertidos...
No vuelven esos maravillosos años, pero llegan otros que ni mejores, ni peores, si no distintos.
UN besazo!!
21 Octubre 2008 | 08:46 AM