En barco, en elefante, en tren...
Ya decía la canción de los dibujos animados “La vuelta al mundo de willy fog”:
“…para dar la vuelta al mundo
son ochenta días son
ochenta nada más
en barco en elefante en tren…”
Y bueno yo no he dado la vuelta al mundo (ya hubiera querido yo), pero si es verdad que para viajar se necesita algún medio de transporte y yo esta vez he cogido varios.
Empecé el viaje en avión, que seriamos sin él, no nos daría tiempo para ir a ver lo que queremos en poco tiempo, y las vacaciones no nos duran mucho la verdad. Desde mi ciudad viaje en avión hasta Milán, ciudad de encuentro con los compañeros y partida del itinerario que aún nos quedaba por recorrer.
Yo no recordaba viajar en avión, porque lo hice de muy pequeña y hasta este pasado mes de julio no había vuelto a subir en uno. Así que la cosa empezó novedosa, aventura de facturar, esperar colas , embarcar en el avión, empezar a escuchar el italiano ya en el avión, el despegue, ver la tierra desde allí arriba por la ventanilla. Estuvo bien la experiencia no puedo decir que me gustara mucho la sensación de estar tan arriba pero no lo pase mal, pensaba que me iba a resultar peor.
Luego la vuelta también fue en avión, pero la segunda vez ya fue todo más normal como si hubiera estado cogiendo aviones toda mi vida. Además esta la hice acompañada pues tres volvimos juntos de Roma a Madrid, aunque ya luego todos nos volviéramos a separar en la capital.
Para movernos una vez llegados a los países lo que más usábamos era el tren, para eso habíamos comprado el billete de interraíl, aunque luego fue puesto un poco en duda si lo que hicimos fue un interrail u otra cosa…
Viajar en tren no era nuevo casi todo el mundo ha viajado alguna vez en tren aunque hubiera sido un trayecto corto. A mi viajar en tren me encanta, sentarte junto a la ventanilla y ver pasar ante ti el paisaje y las estaciones de los pueblos por los que pasas, observar a la gente que sube y baja en cada estación. Pasear por el pasillo de una punta del tren hasta otra viendo la diferencia de los compartimentos de primera clase con los del resto. Ir a la cafetería o situarte justo al final del tren y ver la sinuosa línea de vía que vas dejando atrás. para mi un viaje en tren resulta algo romántico.
Además nos daba mucho tiempo también a hablar entre nosotros para conocernos, jugar a las cartas, reírnos y respetarnos un poco de silencio de vez en cuando mientras algunos dormíamos, leíamos o simplemente observábamos por la ventanilla.
Para pasar de Italia a Grecia lo hicimos vía marítima y cogimos un ferry. Otra cosa novedosa porque en barco si que no me había subido nunca. El primer ferry que cogimos, digo primero porque luego para movernos entre islas cogeríamos unos cuantos, por eso lo de si al final el viaje resultó ser un interrail o interferry.
Bueno como decía el primero era un ferry bastante grande y bien equipado, pues teníamos piscina, pequeño casino y hasta discoteca, claro que también nos tiramos veinte horas allí y eso amenizó mucho la travesía.
Al llegar la noche en los ferris todo resulta muy curioso, hay mucha gente que no viaja en camarotes, como nosotros pues resulta más caro, claro. Así que el ferry se convierte en una especie de gincana para buscar el mejor sitio para dormir, mucha gente se queda en los lugares interiores donde las butaca, otros echan su saco de dormir en cualquier sitio ya sean pasillos, rellanos de las escaleras o en cubierta haciendo una especia de fuerte con sillas y demás para poder resguardarte algo.
Nosotros en los tres ferris en los que hicimos noche en dos dormimos en butacas, pero en el primero de ellos fuimos a echar el saco en un rellano de escalera que como el suelo estaba enmoquetado resulto ser bastante cómodo, y aunque en principio creí que allí yo no seria incapaz de quedarme dormida me equivoque pues dormí bastante placidamente.
Los ferris entre islas no resultaron ser tan lujosos como el primero y en casi todos, la gente que viajaba como nosotros en plan barato, íbamos en la cubierta sentados en sillas alrededor de una mesa como si en una terraza de bar estuvieras.
Alguna que otra vez también tuvimos que coger algún autobús, pues o no había tren o el tren de esa zona lo cogimos en obras.
Y para que no faltara prácticamente nada en las islas griegas alquilamos, un ciclomotor un quad y un coche para poder movernos libremente y poder ver toda la isla bien.
El elefante no pudimos encontrarlo, habrá que dejarlo para otro viaje.



el-hombre-del-tibet dijo
Muy interesanteme me está resultando el viaje de mi héroe favorito, ya tango ansias por saber la historia del elefante.
un beso
3 Octubre 2007 | 12:56 AM