Una triste historia
El viento, solo se oye el viento, como ya hacía tiempo que no se escuchaba. Ese aullido que hace crujir las viejas maderas de la casa.
El reloj marca las doce y media, el reloj que ni por un momento descansa.
La casa demasiado vacía, para como en otros tiempos estaba. Solo queda él, un pobre viejo que ya ni su imaginación le acompaña.
Todas las noches intenta escribir, pero hoy no se ha sentado frente a su máquina. Hoy se ha quedado sentado en su butaca y fuma.
Añora el tiempo en el que era feliz. Y piensa que antes cada día que pasaba era un día más en su vida, pero ahora cada día que pasa es un día menos que le queda por vivir. Y no le importa, sus días de gloria pasaron. Él sabe que ya no le queda nada.
Escucha voces en su cabeza, quizás sólo son voces del pasado o puede que la soledad le esté dejando mella y se está dejando abandonar en una triste locura.
Un ruido, le aparta de sus pensamientos, algo en el piso de arriba se ha caído. Se levanta de su asiento y sube lentamente. Ni siquiera el sobresalto le ha hecho agitarse. Desde la puerta del dormitorio, ve en el suelo el marco de un retrato. La ventana semiabierta ha hecho que una ráfaga de viento entrase y volcara aquel marco, que con mucho pesar el viejo recoge del suelo, con cuidado de no cortarse con los trozos de cristal.
Deja el marco con los cristales sobre la coqueta en la que estaba y cierra del todo la ventana. Se dispone a bajar cuando vuelve sobre sus pasos y coge aquella gastada foto, que había dejado bajo los cristales.
La foto es de una mujer, el mismo la había hecho en una de sus grandes fiestas que una noche ya muy atrás había celebrado en aquella misma casa. La mujer que había dejado que se fuera aun a pesar de amarla. Pero lo prefirió así, nunca quiso atarse a nada.
Vivía de fiesta en fiesta, las presentaciones de sus libros y la de sus amigos le ocupaban todo el tiempo libre. Y le atraía la idea de poder conocer siempre a mujeres diferentes. Mujeres que le gustaban, le distraían, se divertía con ellas, pero nunca ninguna le había hecho sentir lo que la mujer de pelo rizado de la fotografía había conseguido.
¿Qué habrá sido de ella? Se pregunta.
Y allí de pie, en su gran y lujosa habitación con la fotografía en sus manos lo único que desea, es que su vida no se parezca a la de él. Una vida que siempre estuvo vacía.
El viento con fuerza sigue soplando fuera; pero él, hoy como nunca, lo siente con si pasara por todos los recovecos de su interior, de su hueco interior.
DIEGO dijo
Pues la verdad es que si una triste historia pero real como la vida misma ¿a cuantas personas no les habrá pasado eso?.
El tren nos pasa y alguna vez que otra lo dejamos escapar pensando que ya vendrá otro pero hay muchas veces que no hay ningún otro tren al que esperar.
Un beso mi héroe
28 Enero 2007 | 09:00 AM