Ayer, que el día dio para mucho, como conté en el post anterior decidí pasar la tarde de tiendas, y como la idea surgió justo cuando salí de clase pues pegaba comer algo también por ahí y no ir a casa a comer.
No me gusta nada comer sola, me resulta muy triste y aburrido. Sobretodo si lo hago en un sitio público. En casa es diferente te pones la tele o cualquier cosa, pero cuando estás por ahí me siento como observada, como si todos se fijaran en mi porque estoy sola. Llamé a una amiga para ver si quería compartir un almuerzo, pero no podía tenía cosas que hacer y no tenía tiempo. Así que tenía dos opciones pasar hambre o comer sola. Opté por la segunda. Su ventaja tuvo no hubo que ponerse de acuerdo y la decisión fue rápida, entré en un “Pans & Company”. Comida rápida era lo suyo así terminaría pronto.
Pedí mi bocadillo y me senté en una de las mesas que estaban junto a una ventana, por entretenerme pensé. Y me llamó mucho la atención que a mí alrededor muchas de las mesas también estaban ocupadas por tan solo una persona. Personas que seguro comen así a diario en el poco tiempo que el trabajo les permita. En cierto modo eso alivió mi sentimiento de soledad pues me sentí como acompañada de todos los que igual que yo estaban.
Un señor justo en la mesa de al lado tenía un periódico al que no quitaba ojo, una joven delante de mi mesa no paraba de toquetear el móvil, una mujer al igual que yo miraba por la ventana. Y así al menos conté siete mesas como la mía.

Cada día parece que más personas comen así, solas y rápido, para no perder mucho el tiempo. Es lo que tiene esta acelerada sociedad en la que vivimos, en la que apenas tenemos tiempo ni para comer.
Yo por el momento voy prácticamente todos los días a casa a comer, muy pocas veces me tengo que quedar a comer fuera. Si lo hago, porque tenga algo que hacer por la tarde en la facultad normalmente encuentro algún compañero o compañera para comer con ellos.