Un día mi madre me dijo que coleccionara sellos, no recuerdo el porque supongo que le diría que quería coleccionar algo. Eso fue hace unos catorce o quince años, y empecé a guardar todos los sellos de las cartas que llegaban a mi casa. Pero me aburrí pronto, yo no recibía ninguna, excepto alguna muy de vez en cuando de mi prima que vivía en Madrid. Recuerdo que me hacía mucha ilusión ver el sobre con mi nombre.
Todo esto vino a mi mente hoy, que me dio por mirar en el armario del cuarto pequeño donde se guarda todo aquello que no sirve. Hace poco guarde allí una caja con cosas de mi madre, algunos libros y cuadernos de cuando era ella joven. Entre estas cosas encontré una caja llena de sellos e incluso había cartas antiguas del tiempo de mis abuelos.
No entiendo de sellos pero puede que haya incluso alguno con valor.
Pero bueno, eso en verdad, ahora me da igual. Lo que me ha hecho estar dando vueltas a la cabeza parte de esta mañana y tarde han sido las cartas. ¿Qué ha pasado con ellas?
¿Quiénes mandan hoy cartas a sus familiares o amigos?

Entre las cartas viejas que vi esta mañana había algunas de un hermano de mi abuelo, de unas primas de mi abuela… e incluso algunas de algún amigo que mi madre tuvo, supongo antes de salir con mi padre.
Hoy ya nadie envía cartas.
Ya sólo recibimos cartas del banco, publicidad, facturas de teléfono, agua, luz, gas…y en la época de Navidad quizás alguna que otra tarjetita con felicitación que está incluso escrita industrialmente.
¿Cómo hacen hoy en día la gente para coleccionar sellos? Si casi todas las cartas vienen con el franqueo pagado. Seguro que a estas nuevas generaciones a ninguno se le ocurre coleccionarlos, porque como lo iban a hacer. Mi hermana que tiene catorce años nunca a enviado una carta. Tampoco sabe lo que es encontrar una carta en el buzón a su nombre. Ni siquiera yo me acuerdo de eso ya.

Y claro como se va a comparar el correo tradicional con los e-mails de hoy en día, los móviles, el Messenger… que todo llega al momento y no tienes porque esperar.
Pues no sé, quizás por el hecho de encontrarme esas cartas hoy, pero a mi me gustaría recibir cartas personales esas de las que ya no se mandan y sentarme tranquilamente para leerlas y luego escribir para contestarlas. Y esperar pacientemente otras nuevas, para que cualquier día que llegue a casa y abra el buzón esté allí la carta esperada.