Seguramente a todos nos habrá pasado alguna vez, escuchar una canción y sentirse identificado con ella. A mi me ha pasado con muchas y en diferentes situaciones de mi vida.
Esta tarde no fui a ninguna parte, quizás la reseca de una noche que se fue vacía como tantas otras en las que con alcohol se intenta cubrir las grietas que se forman a lo largo de la historia, me lo haya impedido. O puede que simplemente fuese la pereza de hacer algo en una tarde calurosa del mes de agosto.
No lo se el caso es que de vez en cuando una necesita quedarse tirada en el sofá o en la cama y solamente no hacer nada o como mucho ponerte alguna que otra cancioncilla.
Un nuevo grupo que no hace mucho que descubrí, ya ni me acuerdo como, si fue que alguien me lo dijo o que de casualidad navegando por la red lo vi.
El caso es que pues eso fue lo que puse en el ordenador y deje que canción tras canción pasaran todas hasta que llegó una que su letra me hizo parar. La puse otra vez para estar más atenta y si exacto ahí le has dado; pues sí, me describe. Lo que siento, lo que pienso. Ahí están hechas letras en una canción que alguien sin duda lo escribió algún día que pudo sentirse o pensar igual que yo. Somos humanos de la misma especie desde luego que nos tendremos que parecer.
Quizás haya que jugárselo al azar…
Bueno por hoy ya vale de tanto divagar. Os dejo la canción puede que alguien le gusta, puede que le diga algo, puede que le guste el grupo, que lo descubra como yo un día lo hice…quien sabe puede que ni siquiera nadie se pare a escuchar ni a leer esta paranoia.
“Hoy el mundo ha dao otra vuelta, pero nadie me ha avisao. Hoy el tiempo me ha pillao con un lio en la cabeza, tirao en la cama, con ganas de nada. Hoy el tiempo se ha parao en la hora que no era”
Hay veces en las que una se siente así y en realidad se desconoce la razón, puesto que no hay nada realmente que haga que estés mal.
Puede que sea el tiempo, que de nuevo es gris y no te deje plenamente lucir.
Y paseas.
Paseas, para ver si al salir del ámbito de siempre descubres algo nuevo o algo que simplemente te distraiga.
Y en la acera te sientas. Te sientas a esperar la primavera. Primavera que no llega.
Unos niños juegan al balón, donde tantas veces antes jugaste tú. Un hombre mayor les regaña, porque hacen mucho ruido. Luego se quejan de que los niños de hoy en día ya no juegan en la calle. Todo es igual que siempre, o al menos a ti te lo parece.
Hoy estas de vuelta, de vuelta de todo, de vuelta de nada. Tan joven y de vuelta.
Y… ¿por qué? Te preguntas. Pues quizás sea porque no sabes ni siquiera lo que quieres o simplemente porque te da miedo ser feliz o encontrarte satisfecha. Porque después…después ¿qué?
Y es cuando te das cuenta que lo que te gusta es la búsqueda, el camino. Ya que es lo divertido. Y que cuanto más pérdida estás más cosas debes esperar.
Así que… ¿quién sabe? quizás sea este sea tú estado ideal y ni siquiera lo sabes.
Hace unos días volví a pasar por el campus de la universidad, como tantas veces he pasado. Pero esta vez los motivos eran distintos, no iba a estudiar.
Pasar estos días por allí me trajo demasiados recuerdos. Estuve paseando un rato y observaba a la gente que había por el rededor.
Gente, que como yo, lleva por allí más años que Matusalén y es que se les nota en la cara la experiencia del lugar, saben donde ir y no se detienen para nada a no ser que vean algún conocido.
Algunos que entran o salen de ver algunas notas o mejor dicho ya, de estar en alguna revisión de examen. Porque desde que la universidad se informatizó prácticamente todas las notas se publican ya en Internet. Muy atrás quedaron los nervios de ir a ver el tablón y buscarte desesperadamente deseando ver junto a tu nombre un aprobado. Esas caras de nervios, alegrías o decepciones pasaron a la historia.
Otros que se han quedado rezagados y aún no tienen pisos, se les ven preocupados y llamando por el móvil delante de cada cartel de “se busca compañero”, para ver si pueden encontrar su sitio para pasar el curso.
Luego al ser la época de principio de curso se ven muchos nuevos, jóvenes que vienen acompañados de sus padres y se dan una vuelta para ver como es aquello. A estos se les ve la ilusión de empezar, porque tienen tantas cosas que vivir. Me recordaban a mi cuando fui a echar la matricula hace ya…no se cuantos años, acompañada de mi padre el primer año de carrera.
Me veía allí reflejada en aquel chico, yo una chica con muchísima emoción de empezar a estudiar fuera de casa en la universidad. Todo lo que imaginaba y deseaba estaba desde luego por llegar en mejores o peores magnitudes.
Convivir con gente de mi edad, salir y entrar sin estar controlada por mis padres, enamorarme, fiestas en tu piso y en el de tus compañeros de clase, nervios antes de un examen, saber que podías y tenías que haber estudiado más, alegrías y celebraciones por los aprobados, penas y consuelos por los suspensos, en general el aprender a estudiar a base de suspensos, “peleíllas” de convivencia, desamores, experiencias en la cocina aprendiendo en mejor o peor medida a cocinar, hacerte tu solita todas aquellas cosas que antes te solían hacer en casa, echar lavadora sin estropear la ropa…
Todo te sirve para crecer, para conocer e ir aprendiendo a vivir, una etapa de vida que como todas tienes sus cosas bonitas y feas, más o menos buenas. Pero que al final casi siempre se recuerda solo lo mejor que es lo que cada uno se lleva de aquellos maravillosos años que ya no volverán.
El 2007 se va y con él muchas experiencias vividas, un año que pasara a mi historia como un año mágico y aventurero.
Mágico porque algunos de mis deseos se hicieron realidad y aventurero porque sin duda alguna para cumplir esos deseos debía lanzarme a la aventura.
Aunque empezó joven e inexperto porque nada nuevo parecía traer. Y monótono y aburrido trascurrieron los primeros meses, escondía más de una sorpresa.
Una de ellas surgiría al principio de primavera, con una carta que me llenó de ilusión. Podría ser la beneficiaria de una beca para realizar un curso de inglés en el extranjero, sin mucho vacilar la eché y mis sueños empezaron a volar. Por fin viajaría fuera de mi país, por fin vería cosas nuevas y conocería mundo. Y ni corta ni perezosa, decidí que mi destino fuera Nueva York. ¡Cuantas horas había pasado mirando cosas de esa cuidad en Internet! Ahora tenía la oportunidad de hacerlas real.
Pero…todo se complicó mis sueños se rompieron cuando las listas de los afortunados en recibir las becas salieron y yo quedaba como suplente.
Unos días estuve sin reaccionar, hasta que alguien me dio una idea inter-rail, algo que muy borrosamente empezó en mi cabeza pero que tomo color y forma en la realidad. Tanto que en julio un avión me llevaba a Milán, donde me reuniría con mis compañeros y donde empezaba un viaje, mochila a cuestas, lleno de aventuras en los que en tren, bus y hasta en barco viajaría para conocer ciudades de la bella Italia, de la histórica Grecia y de sus paradisíacas islas.
Todavía la barita mágica me tenía que tocar una vez más, pues de suplente pase a ser becada y el 7 de octubre empecé mis clases de inglés en una academia de la séptima avenida de Nueva York, tres semanas sin parar ni casi dormir no fuera despertarme en mi casa.
Porque ahora que me paro y lo pienso todo fue un sueño, un sueño que se hizo realidad.
Y si otro deseo pudiera pedir, aunque fuera ya para el año próximo, ese sería conocer a alguien especial para compartir juntos las aventuras de viajes venideros.
No se como me surgió la idea de hacer un interraíl, escuché esa palabra en una conversación con amigos y se quedó en mi mente y unos días estuvo rondando por ahí, hasta que una tarde me dio por mirar el google y encontré bastantes páginas que trataban de ella. Empecé a investigar un poco, pero cada vez avanzaba en búsqueda y conocimiento me atraía y mucho la idea de realizar un viaje así. Y busqué toda la información que pude y me empapé bien de cómo iba todo el tema.
Luego llegó la hora de dar mi idea a conocer e intentar convencer a alguien para que se viniera conmigo, porque aunque un viaje lo puede realizar uno solo pues me parecía un poco triste y aburrido si no lo compartía con nadie.
A casi todos mis amigos la idea le gustó, les parecía genial, divertido, aventurero y una buena manera de viajar barata. Es verdad que a algunos no les gustó mucho porque preferían hacer cosas más organizadas, pero bueno me alegré mucho de que algunos si cogieran bien la idea. Lo malo llegó cuando vieron que la cosa iba en serio y que seguía para delante con mi idea y empecé a decirles que teníamos que empezar a preparar el viaje., entonces fue cuando la gente se empezó a echar para atrás. Y es que siempre pasa lo mismo las ideas son geniales pero a la hora de realizarlas nadie se atreve. Algunos empezaron a echar la culpa al tiempo, otros al dinero…en fin que terminé aburriéndome de ellos. Pero no de hacer el interraíl, así que decidí buscar gente de otra forma.
En una de las páginas de interrail, vi un espacio dedicado a la búsqueda de compañeros y allí fui a parar y empecé a leer y releer muchos de los viajes que la gente empezaba a preparar. Y al final después de mucho pensar me puse en contacto con algunos de ellos y de ahí surgieron los compañeros.
Cuatro personas sin casi conocerse de nada, de diferentes zonas de la geografía española, con un objetivo en común viajar y conocer mundo, decidieron emprender un viaje juntos.
Cuando dije que me iba con gente que solo conocía de Internet mis amigos me vieron que estaba loca, y en verdad hasta yo misma no terminaba de creer lo que iba a hacer. Pero luego he de decir que en ningún momento me arrepentí de nada, de hecho lo que conseguí fue hacer tres amigos más que será difícil olvidarles.
Sé que he estado bastante perdida, hacía meses que no escribía nada por aquí. Pero es que mis días se sucedían uno igual que otro, sin ningún simple cambio que mereciera la pena contar. La monotonía me atrapó y mi mente se atrofió y durante mucho tiempo, casi demasiado diría yo, no tenia nada nuevo que decir mis ideas se agotaron y mis palabras se quedaron vagando, perdidas y no las lograba reagrupar para que formaran algo con sentido.
Así que decidí que lo mejor que uno podía hacer en estas circunstancias, era callar. Si no se tiene nada que contar mejor era no decir nada.
Pero las cosas cambiaron, por supuesto que cambiaron, no podía dejar que el aburrimiento que me producía la monotonía pudiera conmigo y puse solución al problema. Decidí dejarme llevar por el viento, como digo yo, y sin pensarlo dos veces porque si no, no lo hacía. Cogí una mochila la llené con algo de ropa, me la eché a los hombros y me lancé a la aventura. Me fui a recorrer dos países con casi nada preparado y un esbozo de lo que podía ser el itinerario.
Como el presupuesto era más bien pequeño, traté de hacer un viaje lo más barato posible así que el medio de transporte más usado fue el tren y por eso un billete de
interrail no dejo de acompañarme durante todo el viaje.
Un viaje en el que hice amigos, conocí muchos lugares, viví nuevas experiencias y por supuesto me llenaría de muchísimas cosas para contar….
Mi corazón late con fuerzas mientras vuelo a ras del suelo. Voy cortando el aire fresco de la mañana y los débiles rayos de sol calientan mis mejillas y manos que agarran firmemente el manillar.
Siento la bicicleta como parte de mi cuerpo, ya no tengo pies, ya no ando. Tengo ruedas que giran y giran sobre el firme asfalto.
Aspiro el oxigeno que da fuerzas a mis piernas que pedalean y pedalean sin descanso. No voy a ninguna parte, pero no dejo de avanzar. No existe nada solo yo, la mañana y el viento. Mantener el equilibrio es todo el objetivo. No hay problemas, no estoy triste, no río, no pienso; solo respiro y pedaleo.
Esto es un cachito de mí. Sentimientos, pensamientos, historias que surgen en mi cabeza,experiencias…bueno, siempre que me de por escribir.
Me gusta leer, la música, la naturaleza, viajar, escuchar y aprender cada día un poquito más.