Ayer lunes, después de un fin de semana más bien tristón y aburrido porque el universo entero se puso de acuerdo para que yo no saliese a ningún sitio, con las ganas de salir que tengo últimamente. Y es que todo se tuvo que rodear para ello, en un principio el fin de semana lo pasaría con mi hermana y mi padre que venían a visitarme. Así que por ello no hice otros planes, pero a última hora por cosas que pasan el coche estaba algo regular y mi padre no se atrevió a meterlo en carretera sin que antes lo vieran.
El grupo de amigos resultó estar dispersado. Una andaba de viaje con la familia, llevaba toda la semana por ahí y hasta el lunes no tendríamos su presencia, así que ella descartada. Otras de mis amigas eligió precisamente este fin de semana para visitar su familia y cuando la llamé me dijo que estaba por el pueblo, (jo! mira que casi nunca coincidimos para ir los mismos días para allá). La tercera del grupo de amigas sigue estudiando para un examen y no la quise molestar. Mis compañeros de clase de casa rural, a la que yo dije que no iría porque como venían a verme…En fin, que me quedé en casa. Al final no estuvo tan mal siempre encuentras algo que hacer, de hecho me faltó tiempo y dejé cosas a medio hacer.
Y llegó el lunes, para bien o para mal, quien sabe. De camino a la facultad, en el cercanías iba escuchando música en el mp3, como de costumbre. No oía nada en particular sino canciones sueltas, que a veces ni siquiera recuerdo a verlas metido ahí. Y es que a veces no me puedo terminar de creer que en ese minúsculo aparatito le quepan tantas y tantas canciones. Por eso me sorprendí cuando empezó la canción “Senza Fine”, lo que hizo que me separara de mis ensoñaciones y viniera a mi cabeza la escena de la película “MI VIDA SIN MI”, en la que sonando esta canción de fondo todos se ponen a bailar mientras compran en un supermercado.
Dejé de mirar por la ventanilla y de repente todas las personas del vagón en el que me encontraba, estaban bailando al son de la misma canción que se escuchaba por todo el vagón, pues me quité los auriculares cuando vi aquello. Si no me quedé con la boca abierta poco me faltó al ver que bailaban desde el niño hasta el anciano de mi lado. Todos de pie e incluso algunos, los más osados, daban saltitos de valet por el pasillo. En la zona más ancha, entre las puertas de salido o entrada al tren, dos parejas agarradas se movían acompasadas con las notas de la canción.
-DIN DON DIN, próxima parada “La Colina” dijo la voz de la mujer que grabó todas las paradas que realiza el tren.
Y de repente ya nadie bailaba, todos estaban de nuevo sentados o de pie pero quietos. Excepto los que andaban hacia la puertas para bajar en la parada anunciada.
Y yo volví a mirar por la ventanilla. Sorprendida por mi imaginación que había puesto a bailar a todo un vagón de tren. Y me alegré, porque creí que ya no era capaz de eso, y es que con los años se pierda tanto la imaginación. Cuando era una niña recuerdo que podía convertir cualquier cosa en lo que quisiera, para adaptarlas a mis juegos. Cosa que ya es un poco más difícil, pues cada vez me cuesta más imaginar hasta lo imaginable.
Aquí os dejo un poco de la canción y el trailer de la película, que recomiendo a todo el que no la halla visto, es triste, bastante triste, pero son de esas que luego te hacen pensar y reflexionar y en este caso sobre la vida.