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La Coctelera

SIN HÉROE NI CIELO

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños - Eleanor Roosevelt

Categoría: relatos

3 Mayo 2009

María no sabe que hacer...

María tiene 27 años e intenta hacerse un sitio en esta vida. Aún no tiene nada definido para hacer, ni sitio fijo donde vivir. Pero sabe que lo encontrará y con el tiempo tarde más o menos llegará donde quiere. En el ámbito profesional no tiene dudas, no tiene problemas. Solo sabe que tiene que trabajar para conseguir lo que busca.

Su encrucijada está en sus sentimientos. Después de mucho tiempo en el que nadie había en su vida para amar, en los que el amor no llegaba a florecer. Ahora, de repente dos hombres en su vida están y María no sabe que hacer.

Por un lado está él. Al que tiene un gran cariño. Hace mucho que él está en su vida se conocieron en tiempos en que ninguno quería dar un paso más a lo surgió entre los dos. Hace poco que la vida por casualidad los volvió a encontrar y lo pasado, volvieron a recordar. No podían negar esa atracción que aún sentían el uno por el otro. Y poco a poco todo lo empezaron a retomar.

Pero…por otro lado se encuentra alguien nuevo que apareció en la vida de María sin querer, sin pensar, sin saber…
Aunque nada físico han tenido con él, no se lo quita de sus pensamientos. Y a su mente viene una y otra vez los momentos que pasaron en aquella cafetería donde hablaron y hablaron. Donde María quedó fascinada por sus aventuras y donde María pudo contarle sin pudor todas sus vivencias, incluso muchas que no había llegado a contar a nadie, porque sentía que nadie más podía entenderla.

Ahora María no sabe que hacer. A veces piensa que lo mejor sería dejar que pase el tiempo para que todo lo ponga en su sitio y así saber que camino tomar. Pero tiene miedo, teme la soledad y teme herir y ser herida.

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28 Enero 2007

Una triste historia

El viento, solo se oye el viento, como ya hacía tiempo que no se escuchaba. Ese aullido que hace crujir las viejas maderas de la casa.
El reloj marca las doce y media, el reloj que ni por un momento descansa.
La casa demasiado vacía, para como en otros tiempos estaba. Solo queda él, un pobre viejo que ya ni su imaginación le acompaña.
Todas las noches intenta escribir, pero hoy no se ha sentado frente a su máquina. Hoy se ha quedado sentado en su butaca y fuma.
Añora el tiempo en el que era feliz. Y piensa que antes cada día que pasaba era un día más en su vida, pero ahora cada día que pasa es un día menos que le queda por vivir. Y no le importa, sus días de gloria pasaron. Él sabe que ya no le queda nada.
Escucha voces en su cabeza, quizás sólo son voces del pasado o puede que la soledad le esté dejando mella y se está dejando abandonar en una triste locura.
Un ruido, le aparta de sus pensamientos, algo en el piso de arriba se ha caído. Se levanta de su asiento y sube lentamente. Ni siquiera el sobresalto le ha hecho agitarse. Desde la puerta del dormitorio, ve en el suelo el marco de un retrato. La ventana semiabierta ha hecho que una ráfaga de viento entrase y volcara aquel marco, que con mucho pesar el viejo recoge del suelo, con cuidado de no cortarse con los trozos de cristal.
Deja el marco con los cristales sobre la coqueta en la que estaba y cierra del todo la ventana. Se dispone a bajar cuando vuelve sobre sus pasos y coge aquella gastada foto, que había dejado bajo los cristales.
La foto es de una mujer, el mismo la había hecho en una de sus grandes fiestas que una noche ya muy atrás había celebrado en aquella misma casa. La mujer que había dejado que se fuera aun a pesar de amarla. Pero lo prefirió así, nunca quiso atarse a nada.
Vivía de fiesta en fiesta, las presentaciones de sus libros y la de sus amigos le ocupaban todo el tiempo libre. Y le atraía la idea de poder conocer siempre a mujeres diferentes. Mujeres que le gustaban, le distraían, se divertía con ellas, pero nunca ninguna le había hecho sentir lo que la mujer de pelo rizado de la fotografía había conseguido.
¿Qué habrá sido de ella? Se pregunta.
Y allí de pie, en su gran y lujosa habitación con la fotografía en sus manos lo único que desea, es que su vida no se parezca a la de él. Una vida que siempre estuvo vacía.
El viento con fuerza sigue soplando fuera; pero él, hoy como nunca, lo siente con si pasara por todos los recovecos de su interior, de su hueco interior.

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10 Enero 2007

¿Qué pasó con el invierno?

Aquellos niños todas las mañanas al levantarse miraban por las ventanas de sus dormitorios y siempre veían lo mismo un sol radiante y un cielo azul totalmente despejado.
Ya no usaban guantes ni bufandas para ir al colegio por las mañanas y con el paso del tiempo fueron desapareciendo también los abrigos gordos de plumón, con una chaqueta no muy gorda se pasaba bien la fresca mañana.
Casi no llovía y cuando lo hacía podía estar lloviendo intensamente solo durante un par de días, pero con la humedad que se generaba casi hacía más calor.
Así pasaron y pasaron los años. El invierno completamente desapareció de la Tierra, la nieve nadie ya la veía y se convirtió sólo en una leyenda.

-Abuelo, abuelo cuéntame otra vez aquella historia en la que cuando eras un niño como yo jugabas con aquella cosa fría que llamas nieve.- pedía una y otra vez Juan a su abuelo.

El abuelo pacientemente contaba con añoranza aquellas batallas de bolas de nieve, aquellos muñecos que hacían y cuando iban a esquiar o jugar con trineos junto a sus amigos. El abuelo no recordaba muy bien tampoco aquellos tiempos pues el dejó de ver la nieve cuando tenía 8 o 9 años y muchas cosas de las que narraba a su nieto ni siquiera las había hecho, pero se las habían contado sus padres y hermanos mayores y el las había hecho como suyas propias.

- ¡Ay! Que tiempos aquellos, que bonito era ver de nevar, ya solo puedes sentir algo de frío solo cuando pasas por los pasillos de congeladores de los hipermercados. – Decía siempre el abuelo tras un suspiro.
- Abuelo, abuelo y entonces ¿qué es lo que pasó con el invierno?
- El Hada del Hielo se lo llevó para siempre.
- Y ¿Por qué?
- Eso no se sabe, algunos dicen que es porque ella se enfadó con nosotros, no cuidábamos bien de este lugar y cada vez la debilitábamos más.
Bueno anda dejemos de hablar de cosas que ya no tienen remedio, te voy a llevar al museo del Invierno, para que veas los abrigos, guantes y bufandas que nos poníamos por aquel entonces.

No sé si nos quedaremos sin el invierno, pero yo la verdad es que en estas Navidades lo he echado un poco en falta. Ni un día siquiera me he quejado del frío, y eso que yo suelo quejarme mucho pues soy muy friolera. Pero han sido las Navidades más calurosas que yo recuerde haber pasado.

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10 Diciembre 2006

La Chica de las Rocas

Me fijé en aquella chica que estaba sentada sobre las rocas, aquella del vestidito blanco que se guardaba del sol bajo su gran sombrero. De algún modo sabía que la conocía, sabía que la quería.
Pensé que se acercaría a mí, que me hablaría. Yo le hablaría a ella y le haría reír, para que se le dibujara esa hermosa sonrisa en su rostro y entonces yo sería feliz.
Luego durante la puesta de sol pasearíamos por la orilla del mar, jugando con las olas. Los dos solos porque nadie más quedaría por la playa.
Y al final del paseo, justo en ese momento, me besaría.
Más tarde, volveríamos al mundo cogidos de la mano, le acompañaría a la parada del autobús. Luego ella se alejará diciéndome adiós con la mano por la ventanilla y yo me iré de vuelta a casa con la sensación de saber que me pertenecía.

Caigo de mi ensoñación y cuando vuelvo a mirar ya no está. Menos mal que me dio tiempo a hacerla mia.
Y vuelvo a casa acompañado, vuelvo con ella bajo el brazo. Con la chica de la roca, que ya siempre será mia.

(Este dibujo me lo hizo mi hermana este verano, ahora cuelga de la pared de mi cuarto)

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7 Julio 2006

LA SOMBRA

Jet estaba leyendo una revista sobre su cama cuando de repente su ordenador, que estaba en el escritorio al lado de su cama, empezó a hacer un ruido raro. Él se sobresaltó y soltó la revista en el suelo se levantó de la cama y se acercó muy cuidadosamente al ordenador. Y en ese mismo momento el ordenador se encendió solo. Jet se quedó totalmente paralizado, su mente en ese momento no pudo reaccionar. Y mientras el ordenador, el solito, se metió en el correo de Internet. Y en la pantalla se empezó a ver como se escribían solas las palabras: Esto no es un sueño, Jet tienes que ayudarme a salir de aquí. Jet no podía creer lo que estaba viendo. Estaba allí de pie enfrente del ordenador sin moverse, cuando sonó el teléfono, entonces el ordenador se apagó. Jet aun sin entender bien lo que había ocurrido fue al salón y cogió el teléfono. Al otro lado del teléfono contestaba Mamunia, una amiga. Jet no se atrevió a decirle lo que le había ocurrido por temor a que pensara que estaba loco. Así que se comportó como si no hubiera pasado nada y quedó con ella para cenar a las nueve de la noche. Cuando colgó el aparato Jet no se atrevió volver al dormitorio y se quedó en el salón, encendió la tele y se echó en el sofá. En la tele no había nada más que series de las cuales Jet no podía soportar. Así que apagó la tele y puso un poco de música. Y se echó nuevamente al sofá. Miró el reloj de pared que tenia justo enfrente de él, tan solo eran las seis de la tarde. Que tarde más larga se le estaba haciendo... cuando de repente se volvió a sobresaltar cuando la música se paró de repente. Y una voz totalmente desconocida para él empezó a sonar por todo el salón procedente del equipo de música, una voz que decia con palabras entrecortadas: Esto no es un sueño, Jet tienes que ayudarme a salir de aquí. Él ya sabía que no era un sueño lo que ocurría en aquel momento. Ahora Jet se había asustado de verdad, su corazón latía tan rápido que creía que se le iba a salir por la boca. Estaba sentado en el sofá tenía una mano sobre el corazón y otra tapándose la boca. ¿Qué era aquello? Se preguntaba. Miró hacia el equipo de música y se sobresaltó aun más cuando vio que el equipo de música no estaba enchufado y la música seguía sonando. Se levantó y corrió hacía la cocina cerrando la puerta y se apoyó sobre ella para sujetarla. Pero sus temores no terminaron, todos los electrodomesticos de la cocina empezaron a funcionar a la vez sin estar siquiera enchufados. No podía creer lo que veía. Abrió la puerta y gritó con toda su fuerza, una y otra vez, quería salir de aquella casa.volvió al salón y también allí estaban todos los electrodomésticos funcionando el ventilador, el equipo de música, la tele, el dvd, y todas las luces encendidas. Entró el dormitorio donde estaba el ordenador y vio que no paraba de escribir una y otra vez lo mismo. Jet se armó de valor y se sentó frente al ordenador y escribió: ¿quién eres? ¿Qué quieres? El ordenador le respondió con las palabras escritas él la pantalla: no lo entiendes soy, tu, tú eres el que me quieres. Jet no entendía nada.

A la nueve de la noche Mamunia se retocaba mirándose en el espejo del baño, sabia perfectamente que su belleza física no era su fuerte, pero ella con esmero conseguía sacar partido resaltando sus encantos y escondiendo sus defectos bajo el maquillaje. Y después de un largo rato maquillándose quedó satisfecha de su trabajo. Cogió de la repisa de al lado del espejo un frasco de perfume y se puso unas gotas en el cuello, en las muñecas y en el escote. Salió del baño y miró el reloj del salón eran las nueve y cuarto pasadas, se extrañó de que no hubiera llegado aún. Pero pensó que el tráfico debiera ser muy denso y decidió esperar tomando una copa de brandy, sentada y escuchando su disco favorito de Frank Sinatra. Las canciones empezaron a pasar una a una, y ella ya había vuelto a llenar su copa. El disco se terminó y con él ella terminó su tercera copa. Miró el reloj por enésima vez eran las diez y cuarto. Así que decidió llamarle por teléfono, pero el no lo cogió. Mamunia se echó otra copa de brandy, sabía que estaba bebiendo demasiado pero cuando estaba preocupada no podía controlarse todavía bien, aunque su terapia iba realmente bien. ¿Dónde estaba? El no se retrasa nunca y sabía que tampoco la hubiese dejado plantada y también sabía que si le hubiese ocurrido o surgido algo le habría llamado. Las horas empezaron a pasar y la botella empezó a bajar, hasta quedar totalmente vacía. Ella estaba borracha y no paraba de llorar, sin el todo lo que había hecho para recuperarse no tenía sentido. Y así echada sobre el sillón se quedó dormida.
A eso de las cinco de la mañana se despertó estaba mareada y tenía un gran dolor de cabeza, quiso echarse otra copa pero ya no quedaba más y no tenía nada más de alcohol en toda la casa, él se lo había prohibido totalmente, pero ella había comprado esa botella para invitarlo después de cenar a casa, al acordarse de eso volvió a llorar. Pero a los pocos segundos paró se había quedado paralizada. Una luz muy brillante entraba en el salón a través del balcón ella se asomó y no pudo contenerse gritar cuando vio al otro lado del cristal a Jet suspendido en el aire. Ella retrocedió poco a poco sin dejar de mirar, pero tropezó con el revistero que tenía junto al sillón y calló hacia atrás dándose en la nuca con el pico de la mesa. Murió en el acto.

A las nueve de la noche Jet llegaba a la casa de Mamunia, estaba deseando verla y contarle el sueño que había tenido. Ella había progresado mucho en los últimos meses y quería sin duda casarse con ella una vez terminada la sección, sabía que le quedaba poco de terapia y estaba decidido ha pedirle que se casara con ella esa misma noche. Llamó a la puerta pero no hubo contestación ni la abría, volvió a llamar pero no paso nada, se alarmó. La llamó desde fuera:
-Mamu soy yo ¿te pasa algo?- pero no obtuvo respuesta alguna. Llamó a la vecina, le preguntó que si la había visto. Pero, Helen, la vecina, respondió negativamente. Le dijo que no la había sentido en toda la tarde. Él le dijo que quedó con ella, y que estaba preocupado porque ella nunca faltaba a una sita sin avisar con antelación. Le pidió las llaves por temor que le hubiera ocurrido algo. La vecina le entregó las llaves, él abrió la puerta de la casa de Mamunia, y una vez dentro volvió a llamarla. Pero tampoco esta vez hubo contestación. Encendió la luz de la entrada, y avanzó por el pasillo, Helen iba detrás de él. Mientras avanzaba por el pasillo pudo ver que la luz del salón estaba encendida y eso le alarmó. Entraron en el salón, Jet se quedó petrificado y Helen, dio un grito. Mamunia yacía en el suelo. Helen corrió a ver a Mamunia y pidió a Jet que llamara a una ambulancia. Jet llamó a la ambulancia que en poco tiempo llegó.
Cuando el médico y el conductor de la ambulancia llegaron y vieron la botella de brandy sobre la mesa diagnosticaron que estaba en coma etílico. Pero Jet sabia que ella había llegado a beber mucho más y que por eso no iba a caer en coma.
Una vez en el hospital Jet no daba crédito a la ocurrido, una vez que le reconocieron dijeron que mamunia tenía una traumatología en el casco encefálico, no que había sido causado por un fuerte porrazo en la nuca. Estuvo toda la noche en el hospital esperando respuesta, hasta que a las cinco de la mañana Mamunia fallecía. Entonces supo que lo ocurrido no era un sueño y que él había matado a Mamunia, él y el ordenador. Corrió a su casa y una vez llegó tiró el ordenador al suelo y empezó a darle patadas hasta romperlo, Luego en el salón cogió una botella de whisqui y se la bebió, llorando y lamentando lo ocurrido.

A la mañana siguiente cuando la limpiadora de Jet llegó a la casa se encontró a Jet muerto sobre el ordenador.
Una vez le hicieron la autopsia la doctora forense dijo que Jet había fallecido a eso de las seis de la tarde del día anterior por ninguna causa en especial, dictaminó muerte natural.
Helen, la vecina de Mamunia no se explica lo ocurrido, ella sabía perfectamente que Jet había estado en la casa a las nueve. Aún a sí los médicos forenses aseguran que Jet murió mucho antes.
Mamunia y Jet están enterrados en el cementerio de Bujel.

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Sobre mí

Esto es un cachito de mí. Sentimientos, pensamientos, historias que surgen en mi cabeza,experiencias…bueno, siempre que me de por escribir. Me gusta leer, la música, la naturaleza, viajar, escuchar y aprender cada día un poquito más.

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